El objetivo principal de este experimento fue estudiar el efecto que produce (en una persona inocente y embriagada a conciencia) el alcohol sobre el sentido del gusto. Para ello extrajimos una muestra de dos sujetos experimentales A y B de una población representativa. Los participantes fueron asignados a sus grupos de la siguiente forma: el sujeto A pasó a formar parte del grupo “bebo ron y ni mentero” el sujeto B pasó a formar parte del grupo “pago ron y bebo whisky”. La hipótesis de trabajo era la siguiente: Si cambiamos la sustancia alcohólica que está bebiendo una persona por otra con un sabor totalmente diferente el sujeto no notará la diferencia. Los observadores eran dos: el observador activo (el que llevó a cabo el intercambio con un hábil juego de manos) y el pasivo (el que analizaba la situación a distancia intentando guardar la compostura).
Se llevó a cabo de la siguiente forma: El sujeto A tenía una copa de whisky, el sujeto B una de ron (eran sobre las 5:30 a.m.y llevaban bebiendo unas seis horas aproximadamente), el observador activo cambio las copas de ambos sujetos sin que ninguno apreciara el acto, los participantes bebieron y degustaron sus copas durante 15 min. sin notar cambio alguno. Al cabo de esos 15 min. los observadores (más por cargo de conciencia que por otra cosa) descubrieron su experimento a los sujetos, ambos coincidieron en algo: “pues ahora que lo dices sí noto la diferencia” (mentira).
Después de llevar a cabo un exhaustivo y detallado análisis de los datos, sacamos la conclusión final basándonos en tan obvios resultados: Tenemos un jodido problema con el alcohol.


Mayo 2, 2007 a las 9:05 pm
dónde habré leído esto antes…..
Mayo 2, 2007 a las 9:21 pm
¬¬
También lo escribí yo así que.. ¬¬